LA VIE AU VILLAGE

Una persiana que se abre para dejar pasar la brisa, sillas a la puerta de casa para buscar el fresco, vecinos de ciudad que vienen a veranear, fiestas de pueblo, amores de verano... Hay estaciones que se observan desde la ventana y otras que cruzan la puerta. 

 

Durante el verano, los hogares cambian. Llega con la luz más larga, ventanas abiertas hasta tarde y con esa sensación difícil de explicar que nos invita a vivir. 

La decoración tiene mucho que ver con todo ello. Crea el ambiente adecuado para que sucedan las cosas importantes y siempre quieras volver a ese momento. Tejidos de lino que dan frescor, madera y ratán donde sentarte, fuentes de cerámica con sandia, jarras con horchata...

Tal vez por eso el verano en Valencia y, en el mediterráneo en general, tiene algo difícil de reproducir en cualquier otro lugar. Es una combinación única de luz, naturaleza, tradición y costumbres. Una invitación constante a disfrutar y a convertir la casa en una extensión de todo lo que ocurre fuera.

Porque sabemos que el hogar no termina en sus paredes. Empieza en ellas y se extiende hacia la terraza, hacia la calle, hacia el Mediterráneo.

Y cuando la decoración consigue capturar esa esencia, el verano deja de ser una estación para convertirse en una sensación que permanece durante todo el año y a la que siempre deseas volver.