Días sin horario, noches que se confunden unas con otras, planes que aparecen sin avisar, mesas que se alargan, maletas que salen del armario y una cierta sensación de que el tiempo puede esperar. Y qué bien vivirlo así, con un poco menos de reloj y un poco más de vida. Pero también qué bien volver.
Volver a la mesa de siempre. A ese sofá que nos espera. A la primera noche en la que refresca y volvemos a buscar una manta. A encender una lámpara cuando la tarde empieza a caer.

Y qué bien volver en septiembre. Parece el mes perfecto para volver a empezar sin prisas. Para recuperar el ritmo mientras todavía quedan tardes largas, para disfrutar de noches que refrescan y de esa luz que empieza a cambiarlo todo.
Hay algo especialmente agradable en esta época del año. La sensación de que el verano aún acompaña, mientras el otoño comienza a asomarse.
En nuestro atelier artesano septiembre es un bonito mes. Vuelven los bocetos sobre la mesa, la selección de telas, las pruebas de color, las combinaciones de texturas y esas conversaciones que poco a poco convierten una idea en una pieza.
Mientras fuera el paisaje comienza a cambiar, dentro de nuestro atelier ya estamos dando forma a lo que viene. Volvemos a crear.

